Hace unos 15 días, mas o menos, me hice un plan de entrenamiento de cara a la Maratón de Buenos Aires. No se si la voy a correr, desde ya aclaro, pero me quiero preparar como si lo fuera a hacer. Me lo propuse como meta para superar el dolor de la fascitis. Justo en un momento donde todas las decisiones que tomé empezaron a hacer efecto y a reducir el dolor de manera notable. Tan notable que me permite volver a correr distancias que solía recorrer cómodamente antes de dejar de recorrer por el insoportable dolor. El plan de entrenamiento consiste en tres fases. La primer fase, en la que estoy, se denomina fase de fortalecimiento. Esta fase consiste en correr 4 veces a la semana, y siempre con un un día de descanzo entre entrenamiento y entrenamiento (algo que no hacía). Un día 5 km a un promedio arriba de 6 minutos por km (trote) otros días a 5 o 9 (dependiendo del día) pero a un ritmo de 5:10-5:30 por km, y otras a un ritmo de 4:40-5:10. Con el nuevo entrenamiento hice nuevas adquisiciones.
Ya hace un tiempo, comencé a notar que la aplicación del celular fallaba. La de Nike+, por ejemplo, tenía problemas con el GPS: fallaba en medir las distancias y la misma distancia recorrida arrojaba diferentes mediciones, así que la reemplacé por otra aplicación con la que me construí el plan de entrenamiento. La nueva aplicación es bastante buena, porque permite administrarla y editarla desde la computadora de manera sencilla. Además construye un plan de entrenamiento en el calendario que podés exportar a Google Calendar fácilmente. El problema, al igual que la anterior, radica en que la aplicación del celular sigue teniendo problemas con el GPS. Por esa razón, establecí diferentes rutas predefinidas en los mapas (tipo Google Maps) de la aplicación de modo de tener certeza del kilometraje recorrido. Establecí con precisión que mi ruta diaria es de 9.3 (desde mi casa hasta el final de la ruta de asfalto bordeando el rio), establecí otra con una clara definición de 6,2 km (desde mi casa hasta Alvear ida y vuelta), otra de 10 km exactos, otra de 16 km y así. Con esta nueva organización, abandoné el celular para correr y evitar así la imperfección de cada medición por fallas en el GPS (además siempre era un problema cada vez que corría y alguien me llamaba por teléfono, interrumpiendo el entrenamiento y, por lo general, también el conteo de la aplicación que de por sí ya funcionaba mal).
Para poder establecer el ritmo exacto, entonces, me compré un reloj TIMEX Ironman. No pude hacer mejor compra. Puedo medir con un poco más de precisión lo que tardo en hacer una distancia, y no quedar librado a las aleatorias marcas que me registraba el celular (y que me hacían creer que era más rápida de lo que en realidad soy, o más lento de lo que debería). Junto al reloj, casualmente hoy, estrené unas nuevas zapatillas Mizuno Creation 13. Son algo raro, pero me resultó bastante cómoda para correr aunque por ahora algo dura en el talón. Por suerte, tengo las nuevas plantillas que están haciendo gran parte del trabajo de mi nueva sensación de "no dolor".
Con todo esto quizás quiera sugerir que ésta etapa de fortalecimiento la estoy acompañando de nuevas aplicaciones que incorporo, adicionalmente, a mi intento de nueva forma de correr. Todo ello para poder alcanzar una meta: correr la maratón de Buenos Aires. En medio de ello, también correr, ¿por qué no?, alguna carrera de 10k, de 16k y de 8k, y lo que se vaya poniendo en el medio mientras entreno y me preparo. Una etapa de fortalecimiento, como dice el plan de ASICS, que quizás se corresponda con una nueva etapa personal, más emocional, también de fortalecimiento.
domingo, 30 de marzo de 2014
miércoles, 26 de marzo de 2014
Tarahumara

Al principio fue raro: mientras mantenía la postura, con la mirada hacia el frente, derecho y los pies apoyando en la media planta, además de mantener los brazos en 90° y moviéndolos al costado, noté que una pareja se reía cuando pasaba por delante de ellos. Y, la verdad, seamos honestos: a mi también me causaría gracia. La mayoría de las personas corren inclinados hacia delante, como cansados y arrastrando los piés. Probablemente, por más que hacia buenos tiempos, esa era mi forma cansada de correr. Quizás eso tuviera algo que ver con la lesión. Y según parece, es altamente probable que si. Sea como sea, aunque no lo crean o esté yo sugestionado, con la nueva "técnica" el dolor en el talón disminuyó considerablemente mientras corría. Por momentos no lo sentía y volví a apoyar el pié sin miedo. Traté en lo posible de apoyar la planta media del pie primero porque, aunque quisiera, caer con el talón con fuerza es doloroso aún. Y recordé el consejo de Ken Mierke (fisiólogo, triatleta campeón mundial): "si ves niños corriendo en el patio del recreo, notas cómo sus pies aterrizan justo debajo de ellos mismos y luego se impulsan hacia atrás. Los keniatas hacen los mismo. La manera en que corren descalzos cuando están creciendo es asombrosamente similar a la manera en que corren de adultos" (p. 286).
Asi que en estos días me concentré en seguir el consejo: mirada al frente, brazos en 90°, caderas adelante, talones fuera de la visión. Creo que gané en sentir menos impacto en el talón, aunque continúo ayudando con hielo y con una pelotita con "pinches" que uso para masajear la planta del pié. La idea es seguir corriendo, rehabilitarme, y seguir corriendo, porque "uno no deja de correr porque se hace viejo -dice el demonio-, uno se hace viejo porque deja de correr".
jueves, 20 de marzo de 2014
Pronadores, Neutros y Supinadores


sábado, 8 de marzo de 2014
No corro, no existo... no escribo
Hace tres semanas que no corro según el plan que me había propuesto. La fascitis plantar regresó con todo y tuve que parar. La primer semana de febrero corrí 60 kilómetros. Un muy buen promedio semanal, para alcanzar los 200 al mes. Pero, algo se rompió. El ultimo día de esa semana sentí que el pié derecho había estallado de dolor y ardor. Más preciso: el talón del pié derecho. Otra vez la fascitis!!! Paré tres semanas con mucho hielo a la noche. Descubrí un truco: congelar agua en botellas de 300 cm3 y rotarlas debajo de la planta del pié. Eso ayudó a calmar y sentí que el pié recuperaba. Así las cosas, el último domingo de febrero corrí de nuevo con mi hija mayor, sólo unos 4 km para probar. Pero al regresar no aguanté. Me ardía el talón nuevamente. Así que regresé al Traumatólogo y ahora a las sesiones de kinesiología. No corrí por tres semanas. Dejé de existir, dejé de escribir. Ayer me hice un estudio de pisada. Los resultados indican que tengo el arco vencido, aunque no tengo pié plano. Y el tobillo izquierdo ligeramente vencido hacia dentro. Tengo una pronunciada supinación, y se nota en el gastado del par de zapatillas que tuve que tirar, erosionadas, limadas del lado trasero externo. Esas características quizás sean, probablemente, la causa de la fascitis. Ahora estoy recuperando, un poco, ambos pies. Volví a correr entre el jueves y hoy dos veces, pero a las mañanas los pies duelen apenas piso. Sigo con el hielo hasta que siento que relajan un poco. Me están diseñando unas nuevas plantillas que podrían solucionar el problema. Espero poder volver a correr, a existir y a escribir.
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