Hace unos meses, comenté, cambié de ruta de entrenamiento. Debido al cambio, el mes de septiembre casi lo perdí y no pude correr mucho (Septiembre 72 km). Hice menos de 100 km. Estuve parado muchos días entre trámites y un poco de desgano. Para el mes siguiente, ya un poco más organizado, me encontré con más tiempo y ganas y me propuse llegar a 200 km por mes. Justo, ese mes, intenté usar un nuevo calzado: five fingers. Como no tuve cuidado y seguí corriendo distancias como cuando usaba el calzado normal, mi pie se resintió y tuve que reducir las distancias y la frecuencia de las corridas. Para poder recuperar el pié la kinesióloga prefería que parara directamente, pero no se opuso a que corra, aunque me obligó a abandonar la meta de 200 km al mes. Hoy, revisando un poco el desempeño de esos meses en la aplicación que uso para medir el tiempo y la distancia, encontré que hice las siguientes marcas:
Octubre 183 km
Noviembre 114 km
Diciembre 117 km
Enero 174 km
En noviembre y diciembre, la fascitis plantar me obligó a parar respecto de Octubre (ese mes estuve cerca de mi meta). En enero aceleré, aunque la estancia en México me tiró abajo el promedio de 50 km a la semana, y estuve cerca de nuevo. Al empezar febrero, nuevamente tengo la ilusión de hacer 200 km. Me propuse esa meta. Si corro 50 km a la semana llego. Esta primer semana, con dos días de corrida hice 24 km y algo. A este ritmo llego, pero no me tengo que descuidar. Me siento con energía y sin desordenes a la vista, así que aprovecharé estos días para ganarle a los posibles imponderables que surjan de aquí a fin de mes: como los fines de semanas con poca ganas o, quien sabe, un viaje repentino que te quite días para correr. A ver si lo logro. El clima está ideal. Al parecer, el calor mermó en la costa del Río de La Plata (toco madera).
martes, 4 de febrero de 2014
domingo, 26 de enero de 2014
Una explicación multivariada del rendimiento para correr
Llegué al DF el domingo 19 a la noche. Me esperaba una agenda de proyectos de tesis, presentaciones de algunos resultados de investigaciones, etc. Me instalé en el Radisson Perisur, enfrente del conocido shopping que tiene el mismo nombre (Perisur), a una poca distancia del lugar donde tengo que ir a trabajar todos los días. Desde el Hotel miro el periférico, por un lado, que luce ahora un segundo piso a esta altura de su recorrido y detrás del periférico el Shopping, gigante. Al costado del shopping las lujosas casas que cuelgan del pequeño cerro que está al costado del pedregal y que caen sobre la calle Zacatepetl. Por el otro costado del Hotel veo el Bosque de Tlalpan a lo lejos. Se extiende entre el Bosque y el Hotel un barrio de casas inmensas, que van desde Insurgentes Sur hasta Zacateptl y terminan en esa gigantesca iglesia con forma de Arca. El barrio me resulta conocido, solía vivir a unas pocas cuadras de esta zona, por Insurgentes Sur y San Fernando, en un edificio que tenía una vista similar pero invertida. De modo que, al Bosque de Tlalpan, lo tengo visto de todos lados, se podría decir.
El lunes 20 me desperté, desayuné y me preparé para ir a correr, pero el día estaba medio tapado, el cielo no era el celeste rioplatense al que estoy acostumbrado y hacia un poco de frio. Me quedé en el gimnasio del Hotel, corrí en la cinta unos 5 km y luego me encerré 20 minutos en el Sauna a transpirar un poco más. Amo el sauna, y experimento un placer patológico, por decir, al transpirar en exceso. El martes repetí la rutina, por la mañana, aunque me aburri en la cinta y me bajé a los 20 minutos. El miercoles hice lo mismo, ya predispuesto a aburrirme a los 15. Y así, el jueves, directamente no me subí a la cinta y pasé al sauna. El Viernes me dio culpa, y subí a la cinta unos 20 minutos. El sábado no corrí ni siquiera en la cinta. Lo cierto es que no salí a correr. Hoy domingo, un poco menos presionado por llegar temprano a algún lugar y sin excusas para encerrarme en el gimnasio, salí rumbo al Bosque de Tlalpan.
Hice unos 13 km, contanto entre ir y volver. Salí por la lateral del periférico hasta Zacateptl, luego doblé a la izquierda (con la inmensa Iglesia en forma de Arca a mi derecha) y seguí esas pocas cuadras hasta la entrada al Bosque. Mucha gente iba caminando hacia mismo sitio. Ingresé al Bosque y ahí ya estaban los equipos de runner haciendo sus ejercicios, ya sea para empezar o después de haber corrido. Seguí hasta la primer pista, y ya empezaba a sentir la garganta y la boca seca. No había hecho ni 3 kilómetros, y la boca se me secó, mis fosas nasales también. El aire me resultaba duro. Llegué a la pista de 1 km que está en la base del Bosque. Mantuve mi ritmo y me subí a la ola de corredores que giraban en esa pista. hice unos doscientos metros y luego noté que empezaba a empinarse. Sentí que me costaba mucho. A los 400 metros vuelve a bajar, y termina plana al llegar de nuevo al inicio. Eso te da impulso para intentar otra vuelta, pero al llegar a los 200 metros vuelve a empinarse, nuevamente sentí que mi boca estaba extremadamente seca y que me costaba meter aire en los pulmones. Me dolía el pecho, sentía un dolor raro.
Di unas 8 vueltas a esa pista, y luego me detuve a elongar, tal y como me recomendó la kinesióloga para evitar otra vez una fascitis plantar. Regresé corriendo al hotel. Pero noté que me costó mucho y no pude entender bien porqué. La semana pasada había hecho más de 70 kilómetros y estaba en excelentes condiciones. Mi modorra de cinco días no puede haber sido la causa de tan pésimo rendimiento. Obviamente, reparé que las condiciones del contexto eran otras. La semana anterior corrí a nivel del mar, con altas temperaturas y mucha humedad. Ahora estoy exactamente en las condiciones contrarias: a 2600 metros por encima del nivel del mar, la ruta es empinada, las temperaturas son más bajas y el clima es muy seco. Agreguémosle a eso que el aire del D. F. no es el aire al que estoy acostumbrado a orillas del Río de La Plata. ¿cuál será el peso explicativo de cada una de esas variables en mi rendimiento? Pensé un rato en eso. Traté de asignar el porcentaje en el que contribuyen cada una de esas 4 variables. En principio, se que la temperatura influye, porque manteniendo todos los demás factores constantes, en invierno corro menos y me cuesta más que en verano, además el aire frío me produce cierto dolor al respirar en los orificios nasales (incluso después de operado). La altura, desde luego, debe jugar un papel importante. Todos los deportistas de alto rendimiento, incluso, lo notan. La falta de humedad del aire puede que tenga un efecto directo en mi boca y en el espesor de la saliva, no tengo duda. La contaminación del aire es más dificil de calcular.
Regresé al hotel, me tomé un litro de agua. Me metí en el sauna. Y al regresar me costó sentarme a escribir, aunque sentía que debía hacerlo a pesar de que algo me estaba produciendo modorra (quizás la altura, la sequedad del clima, el frio o la contaminación, también). Pero, al igual que vencí hoy la tendencia a quedarme encerrado en el hotel subiéndome a la cinta, vine y traté de vencer esa modorra que me detenía al escribir. Corro, luego escribo...
El lunes 20 me desperté, desayuné y me preparé para ir a correr, pero el día estaba medio tapado, el cielo no era el celeste rioplatense al que estoy acostumbrado y hacia un poco de frio. Me quedé en el gimnasio del Hotel, corrí en la cinta unos 5 km y luego me encerré 20 minutos en el Sauna a transpirar un poco más. Amo el sauna, y experimento un placer patológico, por decir, al transpirar en exceso. El martes repetí la rutina, por la mañana, aunque me aburri en la cinta y me bajé a los 20 minutos. El miercoles hice lo mismo, ya predispuesto a aburrirme a los 15. Y así, el jueves, directamente no me subí a la cinta y pasé al sauna. El Viernes me dio culpa, y subí a la cinta unos 20 minutos. El sábado no corrí ni siquiera en la cinta. Lo cierto es que no salí a correr. Hoy domingo, un poco menos presionado por llegar temprano a algún lugar y sin excusas para encerrarme en el gimnasio, salí rumbo al Bosque de Tlalpan.
Hice unos 13 km, contanto entre ir y volver. Salí por la lateral del periférico hasta Zacateptl, luego doblé a la izquierda (con la inmensa Iglesia en forma de Arca a mi derecha) y seguí esas pocas cuadras hasta la entrada al Bosque. Mucha gente iba caminando hacia mismo sitio. Ingresé al Bosque y ahí ya estaban los equipos de runner haciendo sus ejercicios, ya sea para empezar o después de haber corrido. Seguí hasta la primer pista, y ya empezaba a sentir la garganta y la boca seca. No había hecho ni 3 kilómetros, y la boca se me secó, mis fosas nasales también. El aire me resultaba duro. Llegué a la pista de 1 km que está en la base del Bosque. Mantuve mi ritmo y me subí a la ola de corredores que giraban en esa pista. hice unos doscientos metros y luego noté que empezaba a empinarse. Sentí que me costaba mucho. A los 400 metros vuelve a bajar, y termina plana al llegar de nuevo al inicio. Eso te da impulso para intentar otra vuelta, pero al llegar a los 200 metros vuelve a empinarse, nuevamente sentí que mi boca estaba extremadamente seca y que me costaba meter aire en los pulmones. Me dolía el pecho, sentía un dolor raro.
Di unas 8 vueltas a esa pista, y luego me detuve a elongar, tal y como me recomendó la kinesióloga para evitar otra vez una fascitis plantar. Regresé corriendo al hotel. Pero noté que me costó mucho y no pude entender bien porqué. La semana pasada había hecho más de 70 kilómetros y estaba en excelentes condiciones. Mi modorra de cinco días no puede haber sido la causa de tan pésimo rendimiento. Obviamente, reparé que las condiciones del contexto eran otras. La semana anterior corrí a nivel del mar, con altas temperaturas y mucha humedad. Ahora estoy exactamente en las condiciones contrarias: a 2600 metros por encima del nivel del mar, la ruta es empinada, las temperaturas son más bajas y el clima es muy seco. Agreguémosle a eso que el aire del D. F. no es el aire al que estoy acostumbrado a orillas del Río de La Plata. ¿cuál será el peso explicativo de cada una de esas variables en mi rendimiento? Pensé un rato en eso. Traté de asignar el porcentaje en el que contribuyen cada una de esas 4 variables. En principio, se que la temperatura influye, porque manteniendo todos los demás factores constantes, en invierno corro menos y me cuesta más que en verano, además el aire frío me produce cierto dolor al respirar en los orificios nasales (incluso después de operado). La altura, desde luego, debe jugar un papel importante. Todos los deportistas de alto rendimiento, incluso, lo notan. La falta de humedad del aire puede que tenga un efecto directo en mi boca y en el espesor de la saliva, no tengo duda. La contaminación del aire es más dificil de calcular.
Regresé al hotel, me tomé un litro de agua. Me metí en el sauna. Y al regresar me costó sentarme a escribir, aunque sentía que debía hacerlo a pesar de que algo me estaba produciendo modorra (quizás la altura, la sequedad del clima, el frio o la contaminación, también). Pero, al igual que vencí hoy la tendencia a quedarme encerrado en el hotel subiéndome a la cinta, vine y traté de vencer esa modorra que me detenía al escribir. Corro, luego escribo...
martes, 14 de enero de 2014
Ese es tu Walkman?

El calor había aflojado respecto de la oleada de la semana pasada. En enero hace calor, de todos modos. Pero unos 9 grados menos, era desde luego un alivio. Subió al colectivo. Miró hacia el fondo. Encontró un asiento vacío del lado del sol. Hubiese querido uno del lado de la sombra. Miró de costado, pero se sentó con determinación. Quizás, de tanto inspeccionar, el pasajero que venía detrás de él lograra quedarse con ese asiento. Llevaba un bolso tipo maletín de color negro. Se acomodó en el asiento y colocó el bolso sobre sus piernas. Lo abrió y metió una de sus manos. Revolvió "en ciego" el interior del bolso y sacó, desde adentro como si fuera la galera de un mago, un aparato que sólo los curiosos de edad mediana reconocieron. Era un walkman: una caja de plástico negra, con una tapa lateral que se abría y en la cual se introducía un rectángulo de plástico que contenía una cinta sonora, llamado cassette. Al verlo, un pasajero que lo observaba inmóvil y fascinado, pensó : "uy! que se habrán hecho mis TDK´s ".
Adicionalmente, sacó un cable largo y enrrollado, que unían uno redondos auriculares, un poco más grandes que el tamaño de una oreja, unidos por una cinta dura de metal que tenía la forma ovalada del cráneo (de los que tienen un cráneo ovalado, por supuesto). Desenrrolló el cable, cogió los auriculares. Conectó la ficha en un orificio de la caja de plástico y apretó con fuerza en dos ocasiones un botón cuadrado que tenía el símbolo ►(play). Frunció el seño! Algo no sonaba bien en sus auriculares. Respiró como quejoso y cansado o hastiado. Miró por la ventana como si enfrente tuviera un horizonte llano, aunque en realidad su vista se topara con otro colectivo en paralelo. No se conformó, al parecer con lo que escuchaba, apretó otra tecla y se escuchó un "clack"" como si la tapa cuadrada fuera a salirse o volar. No se asustó ni se alarmó, tenía la seguridad del que conoce lo que está haciendo. Volvió a apretar otro botón que tenía el símbolo ►► (FF). El pasajero que estaba parado y lo miraba inmóvil y fascinado, sintió un ruido seco y áspero. El cassette pasaba a mayor velocidad consumiendo las baterías del aparato. Ambos pensaban --sin saber que pensaban al unísono, pero sospechándolo ciertamente-- que quizás convendría utilizar una lapicera tipo bic para realizar esa tarea y evitar consumir las baterías. Sin querer cruzaron las miradas. Nadie dijo nada.
Calculó la velocidad del aparto y nuevamente se escuchó un "clack!" producido por la presión de otro botón que tocó [■ (stop)]. Nuevamente pulsó el botón con el símbolo ►(play). Una fresca sonrisa subió por el cable a sus oídos y terminó por instalarse en su boca. La línea de la comisura de los labios se extendió un par de centímetros, el ceño dejó de estar fruncido y se estiró lizo, por fin. Apoyó su cabeza sobre la ventana del colectivo. Cogió con su mano izquierda el walkman y lo sostuvo con confianza. La palma de la mano pequeña y redonda, estaba rodeada de cinco dedos gruesos y carnosos que parecían hinchados, las uñas crecidas, pero cuidadas con detalle, daban la impresión de una persona limpia y meticulosa. El colectivo dobló y el sol se metió por la ventana transparente. Pensó en su mujer. Pensó en el trabajo. Pensó en que habrá sido de la vida de aquella compañera de primaria que tanta vergüenza le producía mirarla. Pensó en cómo haría para pagar las cuentas. Pensó... un rato. Paró de pensar. Iba a ser un día largo, caluroso y había que empezarlo con un poco de Música.
miércoles, 8 de enero de 2014
Sacar la Capital de CABA (4 de enero de 2010)
El 4 de Enero de 2010, escribí en otro Blog lo siguiente sobre la capital en Buenos Aires. El post se llamaba "Federales, Unitarios y La Capital Federal o Unitaria". Hoy se reavivó el tema. Y dale..... De vacaciones, leyendo de todo un poco, me colgué con la batalla de Cepeda (1820), producto inmediato de la constitución "unitarisima" de 1919. Luego pasé a Caseros (1852), la otra gran batalla entre el interior y los porteños. Luego a Cepeda II (1858) y la resistencia de los porteños (el Estado de Buenos Aires) para sumarse a la Confederación, a pesar de haber firmado el Pacto de San José de Flores (que ahora es Flores, que por entonces no pertencia a la ciudad de Buenos Aires). Y finalmente, la batalla de Pavón (1861) y el inexplicable retiro de Urquiza cediéndole todo el poder a Mitre. Si hasta ese momento habia un ida y vuelta entre federales y unitarios, luego de Pavón y el asenso de Mitre, definitivamente los unitarios porteños logran imprimirle al país su sello.
Pero una cosa me llevó a la otra e, inevitablemente, terminé en la Ciudad de Buenos Aires y su conversión en Capital de la ahora denominada Nación Argentina. Y me encontré con que hubo muchos intentos de cambiar la sede del gobierno nacional hacia cualquier otro lugar de este vasto territorio de las Provincias Unidas del Sur (como me gusta decir cuando canto el himno).
La ciudad de Rosario, es la que mas veces fue candidata. Lo curioso es que el congreso de la nación lograba aprobar su traslado y los presidentes vetaban el proyecto. La unica excepción, ha sido la Ley 23.512 que determina como distrito federal a Viedma-Carmen de Patagones, y que todavia está vigente.Veamos en forma apretada el asunto.
Los primeros proyectos de trasladar la Capital Federal fuera de la Ciudad de Buenos Aires se remontan al siglo XIX. En 1868 el Presidente Bartolomé Mitre vetó la Ley 252, que pretendía mudar la capital a la ciudad de Rosario.
Domingo Faustino Sarmiento también vetó dos leyes que pretendían mudarla también a Rosario: la Ley 294 en 1869 y la 620 en 1873. Y otra vez, en 1870, vetó otro intento del congreso (ley 462), que pretendía trasladarla a Villa María.
En el siglo XX, El 3 de mayo de 1972, el presidente de facto Alejandro Agustín Lanusse dictó el decreto-ley 19.610, el cual declaraba la necesidad de trasladar la Capital de la Nación fuera de la Ciudad de Buenos Aires.
Y el 27 de mayo de 1987, durante la presidencia del Dr. Raúl Alfonsín el Congreso de la Nación sancionó la ley 23.512 en la que se declara como la nueva Capital Federal a los núcleos urbanos erigidos y por erigirse en un futuro en el área de las ciudades de Viedma, Carmen de Patagones y Guardia Mitre (Distrito Federal de Viedma - Carmen de Patagones), cedido por las Legislaturas de las provincias de Buenos Aires y Río Negro.
Para cumplir con el proyecto, el 21 de julio de 1987, a través del decreto 1156, se creó el Ente para la Construcción de la Nueva Capital - Empresa del Estado (ENTECAP). Con el proyecto de traslado de la capital se abrió un debate sobre la eventualidad de que la Ciudad de Buenos Aires retornara a la jurisdicción de la Provincia de Buenos Aires, lo que se resolvió con el artículo 6º de la ley 23.512, el cual establecía la provincialización de la ciudad una vez que las autoridades federales estuvieran radicadas en su nueva sede y que se debería convocar a una Convención Constituyente para organizar sus instituciones. Cuando Carlos Saúl Menem asumió la presidencia, en 1989, decidió disolver el ENTECAP.
Sin embargo la Ley 23.512 aún está vigente ya que nunca fue derogada por el Congreso. El 31 de julio de 2009 dos diputados nacionales presentaron un proyecto de resolución en el Congreso argentino en donde se solicita al Poder Ejecutivo de la Nación que cumpla con lo establecido en la ley 23.512 y materialice el traslado de la Capital Federal.
Pero una cosa me llevó a la otra e, inevitablemente, terminé en la Ciudad de Buenos Aires y su conversión en Capital de la ahora denominada Nación Argentina. Y me encontré con que hubo muchos intentos de cambiar la sede del gobierno nacional hacia cualquier otro lugar de este vasto territorio de las Provincias Unidas del Sur (como me gusta decir cuando canto el himno).
La ciudad de Rosario, es la que mas veces fue candidata. Lo curioso es que el congreso de la nación lograba aprobar su traslado y los presidentes vetaban el proyecto. La unica excepción, ha sido la Ley 23.512 que determina como distrito federal a Viedma-Carmen de Patagones, y que todavia está vigente.Veamos en forma apretada el asunto.
Los primeros proyectos de trasladar la Capital Federal fuera de la Ciudad de Buenos Aires se remontan al siglo XIX. En 1868 el Presidente Bartolomé Mitre vetó la Ley 252, que pretendía mudar la capital a la ciudad de Rosario.
Domingo Faustino Sarmiento también vetó dos leyes que pretendían mudarla también a Rosario: la Ley 294 en 1869 y la 620 en 1873. Y otra vez, en 1870, vetó otro intento del congreso (ley 462), que pretendía trasladarla a Villa María.
En el siglo XX, El 3 de mayo de 1972, el presidente de facto Alejandro Agustín Lanusse dictó el decreto-ley 19.610, el cual declaraba la necesidad de trasladar la Capital de la Nación fuera de la Ciudad de Buenos Aires.
Y el 27 de mayo de 1987, durante la presidencia del Dr. Raúl Alfonsín el Congreso de la Nación sancionó la ley 23.512 en la que se declara como la nueva Capital Federal a los núcleos urbanos erigidos y por erigirse en un futuro en el área de las ciudades de Viedma, Carmen de Patagones y Guardia Mitre (Distrito Federal de Viedma - Carmen de Patagones), cedido por las Legislaturas de las provincias de Buenos Aires y Río Negro.
Para cumplir con el proyecto, el 21 de julio de 1987, a través del decreto 1156, se creó el Ente para la Construcción de la Nueva Capital - Empresa del Estado (ENTECAP). Con el proyecto de traslado de la capital se abrió un debate sobre la eventualidad de que la Ciudad de Buenos Aires retornara a la jurisdicción de la Provincia de Buenos Aires, lo que se resolvió con el artículo 6º de la ley 23.512, el cual establecía la provincialización de la ciudad una vez que las autoridades federales estuvieran radicadas en su nueva sede y que se debería convocar a una Convención Constituyente para organizar sus instituciones. Cuando Carlos Saúl Menem asumió la presidencia, en 1989, decidió disolver el ENTECAP.
Sin embargo la Ley 23.512 aún está vigente ya que nunca fue derogada por el Congreso. El 31 de julio de 2009 dos diputados nacionales presentaron un proyecto de resolución en el Congreso argentino en donde se solicita al Poder Ejecutivo de la Nación que cumpla con lo establecido en la ley 23.512 y materialice el traslado de la Capital Federal.
lunes, 6 de enero de 2014
El día que más corrí
Hoy fue el día que más corrí en mi vida, pero no se porqué ya no quise venir al blog y escribir algo. Corrí casi 30 kilómetros (28.7) unos 14 a la mañana y unos 14 a la tarde. Antes de salir a correr a la mañana, recibí una llamada desafortunada. De esas que, creo incluso, quien las hace se arrepiente. Fue sin querer, queriendo (como decía ese entrañable personaje). Salir a correr me evita hundirme en las profundidades de la angustia, que pensé había superado los primero días de diciembre, y que hoy retornó con fuerza. Googlié la palabra angustia y encontré su definición. Luego me fui al trabajo. No había casi nadie, salvo los miembros del departamento de Economía, que al parecer tienen la costumbre de estar en enero en la universidad. Pagué mis cuentas, muchas cuentas pendientes. Analicé la evolución de mis gastos para este año. Estudié como podría evolucionar el monto de la tarjeta de crédito que me pone en rojo todos los meses. Analicé la estructura de ingresos proyectada para este año. Me puse a leer esta novela que tengo hace un par se semanas en las manos (1Q84 libro 1 y 2). Almorcé una ensalada. Regresé a mi oficina, hice un par de videoconferencias por skype para organizar unas clases. Y a las 17 regresé a mi departamento. Seguí leyendo hasta las 18 y me fui a correr nuevamente. Saludé a Ruffino y Florencia que estaban en la entrada del edificio. Corrí de nuevo unos 14 km. Esta vez sentí que sudé más que a la mañana. De regreso, sentí que volvía a mi equilibrio. "Mi terapeuta esta de vacaciones, de modo que quizás deba compensar con dobles rutinas de running su ausencia", pensé riéndome. Ya estaba mejor. Tomé mucho jugo frío al regresar. Me bañe y me quedé secándome de bajo del aire acondicionado y el ventilador encendidos. Noté que mis pies estaban bárbaros: la fascitis plantar desapareció luego de todas las sesiones de kinesiología. Hablé por teléfono. Saludé a amigos y amigas que se iban de vacaciones. Destapé una cerveza, que estaba abierta de ayer a la noche cuando cenamos con Luciana y Julián, porque Camila se había quedado dormida. Me tomé la chela, seguí leyendo el segundo libro de Murakami: 1Q84 (llegué a la página 720). Justo cuando Aomame y Tengo por fin, después de toda una vida de pensarse, quizás se vuelvan a cruzar. Ahora espero que sean las 22:00 horas y ver "Escobar: El Patrón de mal". Y ... el aire freso del ventilador y del aire, mientras tanto, completan este estado de equilibrio inestable, pero placentero al fin y al cabo. Hoy fue el día que más corrí en mi vida.
Abejas Reinas
Marío Antonio se jactaba a viva voz que era bueno en los deportes colectivos. No sólo manifestaba ser bueno en los deportes colectivos; adicionalmente esgrimía la superioridad ética y moral de quienes practican deportes colectivos por encima de quienes, como nosotros los corredores solitarios, hacemos ejercicios físicos o entrenamientos individuales. Sin lugar a dudas, correr era algo que estaba muy por debajo de la escala ética y deportiva a los ojos de Mario Antonio. Pero sea o no que los deportes colectivos estuvieran encima de los deportes que se practican individualmente, lo cierto es que Mario Antonio se había acostumbrado en su equipo a ser el jugador estrella. Se sentía querido, halagado, festejado, admirado, necesitado y, sobre todas las cosas, el centro del equipo. A lo largo de su vida se había "empoderado" en el equipo, como suelen decir ahora las sociólogas. Como la mayoría de las cosas que se impregnan en cada uno de nosotros de manera indeleble y en lo más profundo del inconsciente, Mario Antonio no podía darse cuenta que su placer de practicar "deportes colectivos" (aunque solo había jugado en su equipo) radicaba en su lugar de abeja reina. Para el, su vida en el equipo era igual que la vida de los demás en el equipo. Y, obviamente, como suele suceder en las colmenas no hay lugar para dos abejas reinas.
Eso era muy claro en otros ordenes de la vida, aunque como la mayoría de las cosas que se impregnan en cada uno de nosotros de manera indeleble y en lo más profundo del inconsciente, Mario Antonio no lo veía de ese modo. Si bien no faltaba la referencia en sus conversaciones más informales que era bueno en los deportes colectivos, tenía serios problemas para integrarse en "equipos" sociales, laborales, grupales en donde no tuviera el rol que tenía en "su equipo" de toda la vida. Obviamente, tenía la virtud de deshacerse de quienes pudieran quitarle ese rol o bien intentando disolver los equipos en donde ese rol no se le asignara. Tenía esa virtud de líder positivo y creativo allí donde se lo dieran y se subordinaran a su carisma situacional, por decirlo de algún modo, y el defecto del miembro negativo y destructivo allí donde no. Eso si, conservaba la sonrisa (y diría que la ampliaba y lo hacía más bello aún) cuando sentía ese inmenso poder de acabar con lo que no se le sometiera. Como una bella y todopoderosa abeja reina.
Eso era muy claro en otros ordenes de la vida, aunque como la mayoría de las cosas que se impregnan en cada uno de nosotros de manera indeleble y en lo más profundo del inconsciente, Mario Antonio no lo veía de ese modo. Si bien no faltaba la referencia en sus conversaciones más informales que era bueno en los deportes colectivos, tenía serios problemas para integrarse en "equipos" sociales, laborales, grupales en donde no tuviera el rol que tenía en "su equipo" de toda la vida. Obviamente, tenía la virtud de deshacerse de quienes pudieran quitarle ese rol o bien intentando disolver los equipos en donde ese rol no se le asignara. Tenía esa virtud de líder positivo y creativo allí donde se lo dieran y se subordinaran a su carisma situacional, por decirlo de algún modo, y el defecto del miembro negativo y destructivo allí donde no. Eso si, conservaba la sonrisa (y diría que la ampliaba y lo hacía más bello aún) cuando sentía ese inmenso poder de acabar con lo que no se le sometiera. Como una bella y todopoderosa abeja reina.
domingo, 22 de diciembre de 2013
Feliz Cumple, Salva
Hacia unos meses que no tenía noticias de él. Solía pasar a menudo que interrumpíamos la comunicación por meses. Pero alguna que otra noticia de amigos en común, alguna que otra noticia de la crisis económica en España nos volvía a conectar. A veces, un simple "¿como va todo? Abrazo" y con eso bastaba. A veces, nos volvíamos a encontrar en algún thread que se arman en los posteos del muro de algún amigo en Facebook, o en el thread de los muros propios. Eso no sucedía al principio, allá por el 2000, cuando no existía facebook. En esa época nos limitábamos a enviar correos electrónicos, que no eran tan frecuentes, pero si lo eran más, comparado con las cartas escritas en papel que en 1997 yo intercambiaba con mi madre que vivía en Buenos Aires, por ejemplo, y él con la suya que vivía en Santoña.
Obviamente, desde que Facebook apareció la conexión era instantánea y más frecuente. Pero desde Junio, más o menos, no había prestado atención que no habíamos intercambiado ningún mensaje. La ultima vez fue a propósito de un asunto del blog que él coordinaba en la Universidad de Salamanca. Pero ya no lo tengo muy claro al recuerdo. A veces se me va apagando y va perdiendo fuerza la luz del recuerdo, a veces se enciende y está nítidamente presente.
Ayer, con el solsticio, Salvador cumpliría 39 años. No llegó a cumplirlos. Se apagó rápido. Fue en Agosto que me enteré de su enfermedad. Recuerdo entrar al comedor del Hotel Paraná y verla sentada a Flavia con un joven. Terminé de desayunar y me acerqué a saludarlos. Flavia me presentó a Tomás. Nos saludamos. Charlamos del congreso, del Instituto, de ésto y de aquello. "¿en qué andas trabajando?" me preguntó, "sobre los congresos bicamerales provinciales" respondí brevemente, sin dar mayor información al respecto.
-- Oye, ¿sabes que Salva está enfermo? -Me disparó Flavia
-- No, no sabía nada. ¡Que raro....! --hice un poco de memoria y me di cuenta que efectivamente hacia un par de meses que no tenía intercambio con el-- si hace un .... un.... hace poco que le escribí --afirmé dubitativamente.
-- Si, le detectaron... -- hizo un silencio y no continuó la frase, dejando entrever que no hacía falta aclararlo.
-- No entiendo, ¿qué cosa? --pregunté exigiendo precisión
-- No saben si es cancer
Me quedé duro. Hacía frío. Saludé y salí a la calle principal rumbo a la facultad de economía de la universidad, que estaba a tres cuadras el hotel. Durante el camino se encendió en mi cabeza un film que detalladamente reproducía momentos filmados desde el 23 de Agosto de 1997, en Chimalistac, hasta aquella cena de diciembre de 2006 en mi casa de Buenos Aires, cuando nos vimos por ultima vez. ¿Como estará? ¿Lo llamo? ¿Le escribo? No supe que hacer.
A la noche nos vimos con los dos Fernandos. Ambos habían sido compañeros míos y de Salvador en México. Fuimos a cenar cerca de las barrancas de Paraná y les conté. Todos nos quedamos en silencio. No podíamos creer la noticia. No sabíamos tampoco la gravedad del caso.
Le escribí por twitter como si no supiera nada. Como casual, aunque consciente, ahora sí, que hacía dos meses que no habíamos tenido comunicación. Me pregunté "¿qué mierda hice en estos dos meses?" no tuve muchas respuestas. Le escribí por inbox en facebook y también le envié un correo. Como si toda la descarga en las redes sociales pudiera revertir el tiempo, ganar algunos segundos y quizás terminar descubriendo que todo fue un mal entendido. No tuve respuesta. Busqué un atajo. Le escribí a David, un amigo que vive en Madrid. David me confirmó todo y me puso al tanto de la situación. Lo iban a operar. La metástasis avanzaba. Quimioterapia. Otra operación.
Finalmente Salvador falleció a principios de septiembre. Recuerdo que yo hacía unos días que me había separado de Victoria. Yo estaba en carne viva. Tenía un ojo con esclerosis, al parecer originado por problemas reumáticos, un montón de deudas por delante y un agujero emocional que no sabía como iba a enmendar. Estaba en el living de la casa de mis padres viendo una película y me había quedado dormido. Todavía guardo el mensaje de Whatsapp del 1 de septiembre, eran las 00:42 horas de Buenos Aires, así que serían las 4:42 en Madrid. El mensaje de David avisaba que Salva había fallecido. Inmediatamente les comuniqué a Fernando, a Carlos, a Cecilia, a Santiago.
Todavía hoy sigo con esa sensación incómoda e inevitable de no haberme comunicado con él. De no haberle podido decir yo mismo "fuerza" y que él mismo lo escuchara de mi propia voz. Otras veces creo que eso sólo me calmaría a mi y que no habría tenido ningún efecto en él, de modo que cuando pienso en eso me tranquilizo un poco.
Ayer hubiera sido su cumpleaños. Pensé en él todo el día. Miré a mis hijos, que pasaban el fin de semana conmigo. Vimos pelis, salimos a visitar a la abuela, al abuelo. Luego nos fuimos a la casa de unos amigos, que se mudaron a la afueras de Buenos Aires, y nos invitaron a la pileta. Ya era de noche. Después de un día de mucho calor, el viento era fresco y la temperatura había descendido. Tomé unas cervezas. Regresamos con los chicos al departamento. La más grande se puso a ordenar unas cosas, la del medio se fue a dormir inmediatamente. El más chico había llegado dormido. Los acomodé. Los miré ya a todos en sus camas. Una inmensa alegría me llenó el cuerpo. Feliz Cumple Salva.
Obviamente, desde que Facebook apareció la conexión era instantánea y más frecuente. Pero desde Junio, más o menos, no había prestado atención que no habíamos intercambiado ningún mensaje. La ultima vez fue a propósito de un asunto del blog que él coordinaba en la Universidad de Salamanca. Pero ya no lo tengo muy claro al recuerdo. A veces se me va apagando y va perdiendo fuerza la luz del recuerdo, a veces se enciende y está nítidamente presente.
Ayer, con el solsticio, Salvador cumpliría 39 años. No llegó a cumplirlos. Se apagó rápido. Fue en Agosto que me enteré de su enfermedad. Recuerdo entrar al comedor del Hotel Paraná y verla sentada a Flavia con un joven. Terminé de desayunar y me acerqué a saludarlos. Flavia me presentó a Tomás. Nos saludamos. Charlamos del congreso, del Instituto, de ésto y de aquello. "¿en qué andas trabajando?" me preguntó, "sobre los congresos bicamerales provinciales" respondí brevemente, sin dar mayor información al respecto.
-- Oye, ¿sabes que Salva está enfermo? -Me disparó Flavia
-- No, no sabía nada. ¡Que raro....! --hice un poco de memoria y me di cuenta que efectivamente hacia un par de meses que no tenía intercambio con el-- si hace un .... un.... hace poco que le escribí --afirmé dubitativamente.
-- Si, le detectaron... -- hizo un silencio y no continuó la frase, dejando entrever que no hacía falta aclararlo.
-- No entiendo, ¿qué cosa? --pregunté exigiendo precisión
-- No saben si es cancer
Me quedé duro. Hacía frío. Saludé y salí a la calle principal rumbo a la facultad de economía de la universidad, que estaba a tres cuadras el hotel. Durante el camino se encendió en mi cabeza un film que detalladamente reproducía momentos filmados desde el 23 de Agosto de 1997, en Chimalistac, hasta aquella cena de diciembre de 2006 en mi casa de Buenos Aires, cuando nos vimos por ultima vez. ¿Como estará? ¿Lo llamo? ¿Le escribo? No supe que hacer.
A la noche nos vimos con los dos Fernandos. Ambos habían sido compañeros míos y de Salvador en México. Fuimos a cenar cerca de las barrancas de Paraná y les conté. Todos nos quedamos en silencio. No podíamos creer la noticia. No sabíamos tampoco la gravedad del caso.
Le escribí por twitter como si no supiera nada. Como casual, aunque consciente, ahora sí, que hacía dos meses que no habíamos tenido comunicación. Me pregunté "¿qué mierda hice en estos dos meses?" no tuve muchas respuestas. Le escribí por inbox en facebook y también le envié un correo. Como si toda la descarga en las redes sociales pudiera revertir el tiempo, ganar algunos segundos y quizás terminar descubriendo que todo fue un mal entendido. No tuve respuesta. Busqué un atajo. Le escribí a David, un amigo que vive en Madrid. David me confirmó todo y me puso al tanto de la situación. Lo iban a operar. La metástasis avanzaba. Quimioterapia. Otra operación.
Finalmente Salvador falleció a principios de septiembre. Recuerdo que yo hacía unos días que me había separado de Victoria. Yo estaba en carne viva. Tenía un ojo con esclerosis, al parecer originado por problemas reumáticos, un montón de deudas por delante y un agujero emocional que no sabía como iba a enmendar. Estaba en el living de la casa de mis padres viendo una película y me había quedado dormido. Todavía guardo el mensaje de Whatsapp del 1 de septiembre, eran las 00:42 horas de Buenos Aires, así que serían las 4:42 en Madrid. El mensaje de David avisaba que Salva había fallecido. Inmediatamente les comuniqué a Fernando, a Carlos, a Cecilia, a Santiago.
Todavía hoy sigo con esa sensación incómoda e inevitable de no haberme comunicado con él. De no haberle podido decir yo mismo "fuerza" y que él mismo lo escuchara de mi propia voz. Otras veces creo que eso sólo me calmaría a mi y que no habría tenido ningún efecto en él, de modo que cuando pienso en eso me tranquilizo un poco.
Ayer hubiera sido su cumpleaños. Pensé en él todo el día. Miré a mis hijos, que pasaban el fin de semana conmigo. Vimos pelis, salimos a visitar a la abuela, al abuelo. Luego nos fuimos a la casa de unos amigos, que se mudaron a la afueras de Buenos Aires, y nos invitaron a la pileta. Ya era de noche. Después de un día de mucho calor, el viento era fresco y la temperatura había descendido. Tomé unas cervezas. Regresamos con los chicos al departamento. La más grande se puso a ordenar unas cosas, la del medio se fue a dormir inmediatamente. El más chico había llegado dormido. Los acomodé. Los miré ya a todos en sus camas. Una inmensa alegría me llenó el cuerpo. Feliz Cumple Salva.
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