La noticia me tomó en Panamá, estaba haciendo una consultoría. Recuerdo que también la muerte de Nestor Kirchner me tomó por sorpresa allí, haciendo más o menos casi lo mismo. Esta vez venía de almorzar en un restaurante de la Ciudad del Saber cuya dueña era una argentina. Había corrido a la mañana temprano, así que me sentía liviano. Aún no sabíamos quién era el elegido, pero ya se sabía que de la chimenea salía humo blanco. Hablábamos con Harry acerca de lo complicado que podría ser para un presidente tener como papa a un cardenal de su país. Seguía por twitter las noticias. El gallego Iglesias tiró en un momento que era Scola, y ahí atrás salimos varios. Viralizando. Justo había leído hacía poco algo de su curriculum, pero no era Scola. Finalmente leí la noticia: era Bergoglio, el cardenal primado de Buenos Aires. Confieso que me impactó! Se acercaron varios colegas y personal administrativo a hacer las bromas de ocasión. Un papa argentino! Que la mano de dios! etc. Era todo risa --respetuosa, por cierto.
Pero me quedo con el impacto que en su momento me produjo. Creo que aún hoy, un par de días después siento esa sensación difícil de explicar. Entre chauvinista, medio cursi, raro. Lo digo: estaba un poco emocionado. No soy un hombre de fe, aclaro. Pero si bien soy agnóstico, no soy anticlerical (quiero decir: no soy un "matacura", como define mi amigo Nicolás a esa tendencia). Aunque puede sonar a "tengo un amigo negro y otro judío", tengo muchos amigos practicantes y suelo tener un buen trato y aprecio por muchísimos sacerdotes conocidos de la familia. Me cuesta entender la expectativa con que transitan la vida, pero eso no me aleja. No se si leyeron conversaciones en la catedral, pero si lo hicieron, yo mismo me recuerdo a Zavalita: intentando abrazar alguna causa, buscar algo en que creer, termino por no estar convencido de nada! Corro, luego existo... bien podría ser, "dudo, luego existo...". Quiero decir, no estoy en condiciones de afirmar cosas que no puedo demostrar, aunque a veces sí lo hago por intuición. Pero no puedo aceptarlas estandarizadas. No puedo vivirlas con un compromiso "militante". Me pasa y me pasó también con la política.
Fui educado en la fe católica.Tuve una adolescencia, también, muy vinculada a la Iglesia. Participé activamente de movimientos de la Iglesia. Pero quizás del mismo modo que Zavalita en el partido comunista. Tenía fe, era un joven de fe. Pero, también de nuevo como Zavalita, me gustaban las minas que iban a misa, y eran las únicas que conocía (risas). Pasó el tiempo y mi fe siguió ahí adentro hasta que se topó con una razón que la cuestionó severamente. No resistió el cimbronazo. Aún así, incluso en la universidad, me identidad seguía siendo católica. Esto lo he hablado con pocas personas, y no todas lo entendieron o entienden. Incluso cuando ya no creía, seguía completando los formularios que preguntaban por mi religión como católico. Con el tiempo fui razonando esa sensación.
Aún hoy, diría, soy culturalmente católico, aunque agnóstico. Eso en general es lo que no se entiende y es difícil de explicarlo. Explico mi agnosticismo. Hay dos cosas centrales en la estructura ideológica -si se me permite esa expresión- de la fe católica que no entiendo, que no comparto, que no puedo aceptar. La primera radica en derivar de la (para mi improbable) existencia de un ser superior un conjunto de normas morales (en especial las sexuales) y sociales que gobiernan la vida de los hombres. Aún admitiendo la existencia de dios, todavía queda un trecho largo para demostrar que es esa y no otra la forma de vivir la vida. Puedo incluso admitir que, en términos generales, culturalmente acepto y hago propias esas formas de vivir la vida (digamos las normas sociales en general) pero es imposible demostrar que hay algún mecanismo para revelarlas. En el antiguo testamento Moisés sube un cerro y baja con unas tablas. Se produce ahí un problema central, para mi: ¿hay que aceptar eso como bueno? ¿o bien cuestionarlo como un extremo acto dictatorial, que usa instrumentalmente a dios para imponer un orden? No hay como, para mi, empezar por justificar y demostrar eso. Por eso la fe, dirán algunos. Pero soy un hombre de razón. Incluso aceptando las dos cosas como buenas, o como no dañinas, no encuentro el vinculo entre ambas. Esa forma de justificar normas o decisiones, también las encuentro en cierta militancia política y suele ser excluyente y profundamente autoritaria (como dice mi migo Diego).
La segunda es la pretensión del monopolio de lo que se me ocurre definir como el ritual de la creencia y la bondad. Desde las más burocráticas normas de oficiar misa a las más generales prácticas de vivir en la sociedad. Ahí la historia juega a mi favor. Las formas tanto burocráticas como las prácticas sociales han cambiado tanto, que es imposible sostenerlas universalmente. De este modo, la pretensión universal se desmorona. Tener una mujer o porqué no dos; amarse entre personas del mismo sexo; darle el derecho a decidir sobre su cuerpo a la mujer; el celibato; en fin, podemos seguir toda la noche. Pero ahí el tema es crítico. Si incluso hoy, un papa modernizador y reformista lo aceptara en la agenda, tendría un problema moral y social gigante: estaría mandando al demonio miles de años de exigir vivir la vida bajo ciertas reglas que hoy, un humano con poder, actualizaría dramáticamente. Pero dejemos de lado los miles de años. ¿Qué le decimos a una persona que vivió 70 años aferrándose a una norma de convivencia, a una pareja, a lo que sea por la expectativa que lo llenaba de ilusión de darle sentido a una vida, pero comiéndose el garrón de vivir una vida de mierda? Difícil decirle que ahora ya no vale nada. Mejor aún, que lo lamento, nos equivocamos. La próxima podes vivir más relajado.
Como en estas cosas, creo yo, ha basado sus pilares fundamentales el catolicismo occidental, y le ha dado expectativas a millones de personas, pues ahí se acabó mi relación. No obstante, hay algo que no podría ahora describir con precisión pero que me une a una forma de ser de al menos algunos cristianos (casi la mayoría de los que tuve la suerte de conocer y conozco), que en general se basa en su impronta histórica: la humildad (no la manipulación de la victima), la corrección fraterna (no la honestidad brutal), el valor del arrepentimiento (no el salir del paso) y la grandeza del perdón (no el uso instrumental). Y que por esa singular (...mmm no se si cabe la expresión razón), quizá me reivindico como cristiano aunque agnóstico en cuanto a todo lo demás que le da sentido a la vida del creyente.
Por eso, le deseo suerte a Franciso en su misión (de eso capaz que me animo a pensar algunos escenarios atrevidos como politólogo, no como cristiano) y en su carrera personal, porqué no. Me encantaría poder sentir ese compromiso que sentí que me inspiraba cuando era más joven. Pero ya no, mi razón tiene 40 y pico de años y mi fe (si es que queda) tan sólo 17.
sábado, 16 de marzo de 2013
jueves, 7 de marzo de 2013
Hugo Chavez
Ayer di, nuevamente, toda la vuelta al hipodromo. Quiero decir, no solamente la del cicuito, si no la de la cancha de vareadores y el golf incluido. Salì por Dardo Rocha rumbo a Fleming, seguì derecho hasta Diego Carman. Luego doblé hasta Marquez y de ahí derecho-derecho hasta Av. Santa Fé. Luego, de nuevo, hasta Dardo Rocha. En total 10.88 kilómetros. Ni lo sentí, pero pensé mucho en el fenómeno Chavez. Miraba a la gente pensando si les importaría o no la muerte de Chavez. Si en algo sus vidas cambiaba, aunque sea emocionalmente. Me imaginé corriendo desde el aeropuerto hasta el hotel, aquél día que el vuelo de aerolineas llegó tarde a Caracas y tuve que pernoctar una noche allí (la historía aquí). Me imaginé corriendo por esa avenida que bordea Caracas donde los barrios trepan por las laderas. Recuerdo esa imagen y la charla con el taxista.
Algunos lo odiaban más allá de las razones que esgrimian para sostener su postura. Siempre me pareció, que antes o después de las razones, estaba el prejuicio y el desprecio. Chavez no era estéticamente lo que pretendían como imagen de presidente. Otros lo amaban más allá, también, de las razones que pudieran dar de sus aciertos. Ultimamente me parecía que, para quienes los defendían, él era más un símbolo de lo que anhelaban o añoraban, o de cierta rebeldía e irreverencia.
En lo personal, no lo odié, ni lo amé. No me despertaba la admiración, cercana a la adoración, que otros le tenían. Lo respeté, eso sí. Fui critico agnóstico del proceso bolivariano, cuando mi interlocutor era un chavista recalcitantre, y solía excusarlo y relativizar sus errores cuando mi interlocutor era un iracundo antichavista. Critiqué las mañas.
Pese a que algunos de mis amigos o colegas lo veneraban como a "el lider popular", yo nunca dejé de verlo como un hombre de armas, un militar. Me atraía su elocuencia carismática, pero al minuto lo sospechaba como un encatador de serpientes. Supe del amor que le tenían muchos en su país y del odio de otros compatriotas suyos. Ambas razones siempre me parecieron entendibles, pero debo confesar que no ambas pasiones.
Ayer cuando veía las imágenes por televisión. Cuando leia y releía su historia y los hitos políticos desde 1992 hasta la fecha. Cuando la gente lo empezaba a llorar. Ayer tenía la indiscutible evidencia de su liderazgo popular. Eso, por cierto, no lo convierte en bueno per se. Pero veo ahí un inmenso peso que ha tenido y tiene en la región... se ve, es imposible negarlo. Me quedo perplejo... ahi va la historia, la estamos viendo, la estamos viviendo.
viernes, 22 de febrero de 2013
Laurita
Tengo un escalofrío que recorre todo mi cuerpo. Ahora llorisqueo un poco. Mi cabeza esta llena de Laurita. Laurita se reía. La mirabas y se reía. Le hablabas y se reía. Pese a su generación, su risa no era una risa histérica. Era una risa nostálgica. Una risa amorosa y tierna. Una risa que guradaba un secreto. Se sentaba con Fernanda. Las dos tenían el cabello largo, negro y con rulos. Mucho tiempo después me enteré que se reían porque Laura sabía que Fernanda gustaba de mi y no quería que yo lo supiera. Laura era especial. Era silenciosa. No era de esas personas que podía estar hablando horas. No era Verónica, no era Cynthia, no era Fernanda, tampoco Silvia. Pero era ella. Su presencia se notaba, como seguramente se notará su ausencia.
En esa epoca, la vida parecía eterna. Creo que después del viaje de egresados, Laura, se puso de novia con Franco. Franco era compinche mio en 5° año. Asi que, entre una cosa y otra, compartimos muchas cosas juntos luego de la secundaria. Incluso la iba a visitar a su casa paterna, en la calle Entre Rios frente a lo que hoy es Telefé y en ese entonces era Sono Film. El tiempo pasó, la vida pasó, cada quien hizo su vida.
Nos reunimos en el 2008, si mal no recuerdo. Cuando Facebook permitió poner en contacto a mucha gente. Laura ya estaba casada, tenía dos hijas. Todos teniamos unos veintitantos años más que por entonces.
Regreso a la casa donde Laura vivía porque tenía algo especial para mí. Era la misma casa donde mi madre había vivido toda su adolescencia hasta que se casó con mi Papá. No era una casa parecida, era la mis-ma-ca-sa. Me había echo muy amigo de la familia: de su madre, de su padre, de su hermana, de su hermano. Era una familia muy parecida a la mía, y eso --quieras o no-- te hacía sentir cómodo.
Hoy de casualidad leí en el muro de Silvia Z, lo siguiente:
Fernanda me contó que Laura había tenido cancer de mamas hacía unos 10 años, pero que pese a que se habia recuperado, el año pasado volvió con todo y ... finalmente, hoy murió. Mientras escribía este post, le comentaba por inbox a Fernanda que recordaba la risa de Laura. Y Fernanda, en el intercambio, me dijo:
En esa epoca, la vida parecía eterna. Creo que después del viaje de egresados, Laura, se puso de novia con Franco. Franco era compinche mio en 5° año. Asi que, entre una cosa y otra, compartimos muchas cosas juntos luego de la secundaria. Incluso la iba a visitar a su casa paterna, en la calle Entre Rios frente a lo que hoy es Telefé y en ese entonces era Sono Film. El tiempo pasó, la vida pasó, cada quien hizo su vida.
Nos reunimos en el 2008, si mal no recuerdo. Cuando Facebook permitió poner en contacto a mucha gente. Laura ya estaba casada, tenía dos hijas. Todos teniamos unos veintitantos años más que por entonces.
Regreso a la casa donde Laura vivía porque tenía algo especial para mí. Era la misma casa donde mi madre había vivido toda su adolescencia hasta que se casó con mi Papá. No era una casa parecida, era la mis-ma-ca-sa. Me había echo muy amigo de la familia: de su madre, de su padre, de su hermana, de su hermano. Era una familia muy parecida a la mía, y eso --quieras o no-- te hacía sentir cómodo.
Hoy de casualidad leí en el muro de Silvia Z, lo siguiente:
sabia que el momento llegaria, me senti preparada...en mi eje, con buena base de sustentacion firme!...me equivoque...sí..ya sé que pasa...pasa no?...yo que siento que siempre me la banco...no me la estoy bancando...!!Le dije que le mandaba un abrazo, sea lo que sea... Silvia, no había perdido esa frescura y ese desparpajo que tenía en la secundaria, y no me la puedo imaginar en su actual rol de médica. A los minutos me escribió Fernanda G, por inbox: Diego, murió Laurita!!! Y ahí, el escalofrío con que escribo estas lineas se apoderó de mi piel y no me deja. Hace un par de años, no más, nos vimos por ultima vez. Fue en la casa de Verónica, en una asado al que yo llegué para los postres y el café. Eramos varios ex compañeros del secundario, con los maridos, las mujeres, los hijos y las hijas. Y estaba Laura, siempre sonriendo... cansada, pensé. Cansada con los años, con la crianza a cuesta.
por eso se me reia cuando le decia que era un hadita! nunca conoci sentimientos con tanta dulzura y tanto amor! ella es o era AMOROSA, TODA ELLA!!! y un amor delicado... aaayy que PUTADA TAN GRANDE!!! ella decia que nunca se imaginó todo esto!!! lo duro que era y que saldría adelante igual!! porque con lo fragil que es, la peleó como una leona con mayúsculas!!! A ella le gustaba muchisimo la cancion de ZAS tira para arriba asi que hasta el último momento le mandamos buena onda...Qué putada! Si! qué putada! Creo que todos cuando pensamos en Laura, no tenemos otra imagen que su cara con una sonrisa. Es imposible imaginarla enojada, aunque habrá tenido sus momentos seguramente. Me hubiera gustado decirle: "Laura, tirá...tirá para arriba. No aflojes mi amor, no aflojes vos tirá!"
Corriendo enojado
Ese dia estaba muy enojado! Enojadisimo! Corrí 20 kilómetros sin parar. La temperatura estaba en los 30 y pico. Como era cerca del mediodía, el sol pegaba desde arriba y derecho. Salí desde La Barra de Maldonado, a unos 800 metros de ese puente que tiene como dos "jorobas de camello" bien pronunciadas. Y luego le pegué por la costanera derecho hasta la punta. De ida iba con ganas y con mucha fuerza. Tenía tanta bronca, estaba tan molesto, que los primeros 8 kilómetros ni los sentí. Me di cuenta que el dolor o el cansancio, se sienten más cuando uno les presta atención y las demás cosas pasan a segundo lugar. Del mismo modo, cuando la bronca o el enojo son el centro de la atención, lo demás también pasa a segundo lugar. Podía correr sin parar. Sin prestarle atención a las piernas o a la misma respiración.
Pasando el kilómetro 8, sentí que me hacía falta agua. Lo sentía! Nunca antes había tenido una sed tan desesperada. Nunca antes había sentido una imperiosa e impostergable necesidad de tomar agua. Y cuanto más pensaba en eso, más desesperado estaba. Se cruzaban muchas personas corriendo o en bicicleta, pensaba que alguien, por fin, llevaría agua en un pote o una botella de plástico. No pude más. Me metí en una de las torres que tienen vista al mar y entré a pedir agua. Pero nada. No conseguía que me trajeran ni un vaso. Disimulaba mi desesperación y me retiraba como comprendiendo las reglas de buen comportamiento y distinguido trato que les impedía servirme un vaso con agua (!). Hasta que encontré una canilla oculta en un costado de un edificio. Me avalancé desesperado. Sentía que nunca dejaría de tomar agua por el resto de mi vida. Me sentí cargado y pesado. Me mojé el cabello (el poco cabello que me queda) y la cara. Le di parejo nuevamente hasta la playa de los dedos, justo ahí donde desemboca Gorlero y comienza la punta.
Desde la barra hasta ahí, son exactamente 10 kilómetros. Di vuelta y emprendí el camino de regreso. Dicen los biólogos que cuando uno regresa, todo parece más rápido por el simple hecho de tener conocido el camino, que produce una sensación de regreso anticipado. Sin embargo, esta vez, todo parecía más lejano. Mis puntos de referencia me traicionaban. Cuando sentía que detrás de esa loma ya se venía enseguida la curva que desembocaba en el puente, aparecía una recta con otra loma en el fondo lejano. Y así tuve la sensación que la vuelta era más larga que la ida. Llegué como pude a La Barra. Crucé el puente con temor a que un baldosón saliera de su lugar y cayera al agua desde esa altura. Llegué a la casa cansado, sediento y empapado en sudor. Me di cuenta que ya no estaba tan enojado como cuando partí. Pero al darme cuenta de ello, después del baño, volví a sentir ese enojo que me impulsaba a la ida. Creo que esa corrida me enseñó mucho de mi mismo.
Pasando el kilómetro 8, sentí que me hacía falta agua. Lo sentía! Nunca antes había tenido una sed tan desesperada. Nunca antes había sentido una imperiosa e impostergable necesidad de tomar agua. Y cuanto más pensaba en eso, más desesperado estaba. Se cruzaban muchas personas corriendo o en bicicleta, pensaba que alguien, por fin, llevaría agua en un pote o una botella de plástico. No pude más. Me metí en una de las torres que tienen vista al mar y entré a pedir agua. Pero nada. No conseguía que me trajeran ni un vaso. Disimulaba mi desesperación y me retiraba como comprendiendo las reglas de buen comportamiento y distinguido trato que les impedía servirme un vaso con agua (!). Hasta que encontré una canilla oculta en un costado de un edificio. Me avalancé desesperado. Sentía que nunca dejaría de tomar agua por el resto de mi vida. Me sentí cargado y pesado. Me mojé el cabello (el poco cabello que me queda) y la cara. Le di parejo nuevamente hasta la playa de los dedos, justo ahí donde desemboca Gorlero y comienza la punta.
Desde la barra hasta ahí, son exactamente 10 kilómetros. Di vuelta y emprendí el camino de regreso. Dicen los biólogos que cuando uno regresa, todo parece más rápido por el simple hecho de tener conocido el camino, que produce una sensación de regreso anticipado. Sin embargo, esta vez, todo parecía más lejano. Mis puntos de referencia me traicionaban. Cuando sentía que detrás de esa loma ya se venía enseguida la curva que desembocaba en el puente, aparecía una recta con otra loma en el fondo lejano. Y así tuve la sensación que la vuelta era más larga que la ida. Llegué como pude a La Barra. Crucé el puente con temor a que un baldosón saliera de su lugar y cayera al agua desde esa altura. Llegué a la casa cansado, sediento y empapado en sudor. Me di cuenta que ya no estaba tan enojado como cuando partí. Pero al darme cuenta de ello, después del baño, volví a sentir ese enojo que me impulsaba a la ida. Creo que esa corrida me enseñó mucho de mi mismo.
domingo, 17 de febrero de 2013
Un diálogo entre Cruz y Bernal
Corrí como un loco, se puede decir. Nunca hice menos de 10 kilometros por día. Tanto al mediodía, como al atecerdecer o a la mañana temprano, encontraba un hueco para ir a correr por la playa o por las chacras, por esos caminos que cruzan en subida y bajada repleto de eucaliptos a los costados. Junto con mis corridas diarias, me reservé otras horas para las novelas. Ah, si! El verano es el tiempo para leer novelas.
Una de las que me dovoré (o me devoró, no tengo muy claro quién se devora a quién), es de Carlos Fuentes: "La Muerte de Artemio Cruz". El protagonista está en su lecho de muerte y recuerda todos los pasajes de su vida. Es de casualidad, por una mala interpretación de su cobardía, un héroe de la Revolución Mexicana devenido en un gran empresario político. Artemio Cruz, un hombre de origen humilde y militar formado en el proceso revolucionario, tiene un diálogo con Gonzalo Bernal, un joven licenciado proveniente de una familia rica de Puebla quien se había sumado a la revolución a pesar de su procedencia. La revolución está en su fase de guerra de facciones, donde los partidarios de la misma se enfrentan en una guerra que comienza en 1914 y termina en 1917, con el triunfo de Obregón y Carranza y la derrota de Villa y Zapata.
Ambos han caído prisioneros en manos de las tropas "villistas". Carranza ha enviado a Bernal a parlamentar con los villistas que ya estaban en retirada y derrotados. Cruz es apresado en un combate. Bernal será fusilado esa misma noche. Antes de ser fusilado tienen un diálogo clave, con Cruz. Ese diálogo permite cerrar el círculo para el descenlace de la historia. Cruz no será fusilado, porque a cambio le pasa información al general villista sobre la posición de las tropas de Obregón a las que el pertencía. Luego del fusilamiento de Bernal, las tropas de Obregón caen en la prisión y acaban con los villistas. Artemio Cruz visitará al padre de Bernal, lo chantajeará, y desposará a la hermana de Gonzalo. Hará fortuna a partir de la fortuna de la familia Bernal.
El diálogo (p. 210-211) me resultó de lo mejor, para ilustrar algunas impresiones generales que desde hace tiempo tengo.
Una de las que me dovoré (o me devoró, no tengo muy claro quién se devora a quién), es de Carlos Fuentes: "La Muerte de Artemio Cruz". El protagonista está en su lecho de muerte y recuerda todos los pasajes de su vida. Es de casualidad, por una mala interpretación de su cobardía, un héroe de la Revolución Mexicana devenido en un gran empresario político. Artemio Cruz, un hombre de origen humilde y militar formado en el proceso revolucionario, tiene un diálogo con Gonzalo Bernal, un joven licenciado proveniente de una familia rica de Puebla quien se había sumado a la revolución a pesar de su procedencia. La revolución está en su fase de guerra de facciones, donde los partidarios de la misma se enfrentan en una guerra que comienza en 1914 y termina en 1917, con el triunfo de Obregón y Carranza y la derrota de Villa y Zapata.
Ambos han caído prisioneros en manos de las tropas "villistas". Carranza ha enviado a Bernal a parlamentar con los villistas que ya estaban en retirada y derrotados. Cruz es apresado en un combate. Bernal será fusilado esa misma noche. Antes de ser fusilado tienen un diálogo clave, con Cruz. Ese diálogo permite cerrar el círculo para el descenlace de la historia. Cruz no será fusilado, porque a cambio le pasa información al general villista sobre la posición de las tropas de Obregón a las que el pertencía. Luego del fusilamiento de Bernal, las tropas de Obregón caen en la prisión y acaban con los villistas. Artemio Cruz visitará al padre de Bernal, lo chantajeará, y desposará a la hermana de Gonzalo. Hará fortuna a partir de la fortuna de la familia Bernal.
El diálogo (p. 210-211) me resultó de lo mejor, para ilustrar algunas impresiones generales que desde hace tiempo tengo.
— ¿Tu traidor? [Pregunta Cruz]
— Depende de cómo lo mires. Tú nada más has andado en las batallas; has obedecido órdenes y nunca has dudado de tus jefes [Responde Bernal]
— Seguro, se trata de ganar la guerra ¿que tu no estás con Obregon y Carranza?
— Cómo podría estar con Zapata o Villa. No creo en ninguno.
— ¿Y entonces?
— Ese es el drama. No hay más que ellos. No sé si te acuerdas del principio. Fue hace tan poco, pero parece tan lejano... cuando no importaban los jefes. Cuando esto se hacía no para elevar a un hombre, si no a todos.
— ¿Quieres que hable mal de la lealtad de nuestros hombres? Si eso es la revolución, no más: lealtad a los jefes.
— Sí hasta el Yaqui que antes salió a pelear por sus tierras, ahora sólo pelea por el general Obregón y contra el general Villa. No, antes era otra cosa. Antes de que esto degenerara en facciones. Pueblo por donde pasaba la revolución, era pueblo donde se acababan las deudas del campesino, se expropiaba a los agiostistas, se liberaraba a los presos políticos y se destruía a los viejos caciques. Pero ve nada más cómo se han ido quedando atrás los que creían que la revolución no era para inflar jefes sino para liberar al pueblo.
[....]
— Se lo dije desde al año 1913 a Iturbe, a Lucio Blanco, a Buelna, a todos los militares honrados que nunca pretendieron convertirse en caudillos. Por eso no supieron parale el juego al viejo Carranza, que toda su vida se ha dedicado a sembrar cizaña y a dividir, porque de otra manera, ¿quien no le iba a comer el mandado, viejo mediocre? Por eso ascendía a los mediocres, a los Pablo Gonzalez, a los que no podían hacerle sombra. Así dividió a la Revolución, la convirtió en guerra de facciones.
jueves, 20 de diciembre de 2012
Fin del mundo
Digamos que hace meses que no escribo nada, de nada. Varias cosas me han retirado del (de los) blog(s). Una de ellas fue el cambio de lugar de trabajo. Y otra, en menor medida, fue una infección intestinal que me dejó sin correr un par de semanas. No es que no haya tenido cosas que decir o contar, se me ocurren miles por día (todas malas). Lo cierto es que me estaba costando hacer click en "nueva entrada".
Hoy pensé que quizás con esto del fin del mundo, tenía que decir algo. Por ejemplo, nos vemos después del 21 o cosas por el estilo. Estoy un poco confundido, de todos modos. Porque, no se si les ha pasado, pero estaba convencido que la cosa era el 12/12/12 y al final esa fecha fue solamente el día del hincha de Boca. Bueno, nada! (como dice la gente ahora). Les dejo un abrazo y me voy a correr que está muy lindo!
Hoy pensé que quizás con esto del fin del mundo, tenía que decir algo. Por ejemplo, nos vemos después del 21 o cosas por el estilo. Estoy un poco confundido, de todos modos. Porque, no se si les ha pasado, pero estaba convencido que la cosa era el 12/12/12 y al final esa fecha fue solamente el día del hincha de Boca. Bueno, nada! (como dice la gente ahora). Les dejo un abrazo y me voy a correr que está muy lindo!
jueves, 27 de septiembre de 2012
Paradigmas y kilómetros: diferencias morales
Hace días que cuando corro tengo un tema recurrente en la cabeza que no me deja libre. Incluso es tan profundo y potente que, aunque tengo el I-pod conectado a su nivel máximo, no puedo prestarle atención a la canción que está sonando. Corro, corro... y ese pensamiento me persigue. Di dos vueltas al hipodromo, hice 11 kilómetros. Curioso fue que no me había dado cuenta la distancia que había recorrido cuando iba por el 7km. Sucede! no? Sucede a menudo.
El problema es más o menos así. ¿Viste cuando vas aceitando tu mirada y encontrás que las diferencias superficiales en realidad esconden profundos hiatos entre paradigmas sociales, morales y comportamentales inconmensurables? Bueno, eso! Planteado así parece metafísica pura. Pero no lo es. Dejenme darles unos ejemplos.
El problema es más o menos así. ¿Viste cuando vas aceitando tu mirada y encontrás que las diferencias superficiales en realidad esconden profundos hiatos entre paradigmas sociales, morales y comportamentales inconmensurables? Bueno, eso! Planteado así parece metafísica pura. Pero no lo es. Dejenme darles unos ejemplos.
Supongamos que viene un vecino y te putea por X motivo, con o sin razón (no es ese el punto). Vos reaccionas y lo puteas. Se acerca alguien --que bien puede ser un amigo, tu esposa o tu hermano-- y te dice: "che, no. No lo putees, estuviste flojo". Y vos lo mirás, pensas en lo que te dijo, y le respondes: "Si, la verdad que si. Tenes razón. Pero reaccioné en caliente, que le voy a hacer".
Ahora permítanme presentar una situación aparentemente relativamente diferente, a partir del ejemplo anterior. Tu reacción alnte el vecino fue la misma: lo puteaste y se acerca otro y te dice lo mismo. Pero esta vez vos respondes: "No, no estuve mal. Se lo merece por equis razón". Es decir, sostenés que lo correcto es putearlo si el otro te putea. Y el otro --tu esposa, tu hermano o tu amigo-- te dice que no, que te entiende, que estabas caliente, pero que "no está bien por más que sea la forma en que te sale reaccionar". La diferencia con el caso 1, salta a la vista. En esta situación vez, vos no aceptas que fue un error o una reacción que no controlaste si no que consideras que "está bien". No sólo que podes hacerlo mil veces, si no que además es correcta. Hay dos concepciones en pugna.
Hasta ahí tenemos dos formas de reaccionar posible, la tuya y la del que te dijo que estuviste flojo. Pero no hay dos concepciones en pugna sobre como está bien o mal reaccionar. ¿Si? Te podes equivocar, y lo admitís (o incluso ponele que no lo admitís en el momento), pero hay una concepción compartida: "¡Así no está bien!" Ojo, en el ejemplo dejo entrar el error y la reiteración: vos podes, una y mil veces reaccionar mal. Pero es eso, ¡reaccionaste mal! No hay discusión.
Ahora permítanme presentar una situación aparentemente relativamente diferente, a partir del ejemplo anterior. Tu reacción alnte el vecino fue la misma: lo puteaste y se acerca otro y te dice lo mismo. Pero esta vez vos respondes: "No, no estuve mal. Se lo merece por equis razón". Es decir, sostenés que lo correcto es putearlo si el otro te putea. Y el otro --tu esposa, tu hermano o tu amigo-- te dice que no, que te entiende, que estabas caliente, pero que "no está bien por más que sea la forma en que te sale reaccionar". La diferencia con el caso 1, salta a la vista. En esta situación vez, vos no aceptas que fue un error o una reacción que no controlaste si no que consideras que "está bien". No sólo que podes hacerlo mil veces, si no que además es correcta. Hay dos concepciones en pugna.
A simple vista los dos ejemplos pueden parecer mostrar una diferencia superficial. Puede incluso quedar como una discusión sobre como reaccionar, y nada mas. Algo trivial. Puede ser considerada una diferencia menor. Pero que tal si en realidad lo que está en pugna --y voy a exagerar, para hacer más evidente lo que quiero contrastar-- es un modelo de comportamiento versus otro, una concepción moral versus otra, del tipo "ojo por ojo" versus "la otra mejilla". Ahi si, creo yo, hay un hiato quizás insalvable.
Sigo corriendo y no puedo dejar de pensar en esto.
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