De marzo a la fecha, cuando me propuse el meticuloso plan de entrenamiento para la maratón de Buenos Aires, llevo recorrido más de 700 km. Son más de mil, si cuento desde agosto del año pasado. Es más, son más de 1300 km. Estoy casi listo. Puedo hacer 23 km sin mayor inconveniente. Y ahora, además, "puedo lograr" que mi cabeza no esté obsesivamente concentrada en un sólo tema. Y hasta puedo administrar las dosis de imágenes y asuntos que dejo proyectar mientras corro. Proyectar, digo. Si. A veces uno corre y las imágenes se proyectan independientemente del deseo de uno.
En realidad, no estoy muy seguro que la expresión correcta sea "puedo lograr". No me queda claro si es algo que yo "puedo". Así como pasa que los sentimientos creemos que se alojan en el corazón y se apoderan de la cabeza hasta saturarla; poder desincrustar pensamientos y sentimientos, dejarlos ir, soltarlos no depende exclusivamente de la voluntad. Uno no puede decidir que ingrese o salga, sólo sucede con un poco de gimnasia, tal vez. Más bien, tengo la impresión que es un proceso evolutivo (lo cual implica mucha adaptación) del cual no tenemos mayor control consciente. Eso creo y se lo pregunté a mi psicóloga, y me da la impresión que está de acuerdo. Ahora bien, la segunda parte quizás sea un poco más apropiada: "lograr". Si, lo considero un logro, una meta alcanzada. Me la prepuse, pero como si fuera una anécdota o un caso de los de "Juicio Salomónicos" de Elster, cuanto más obsesivamente salía a correr con el firme propósito de no pensar en algo, más ese algo se consolidaba y petrificaba como imagen y proyección, y sin variar salía a correr conmigo compitiendo en una lucha cuerpo a cuerpo en contra de los beneficios que producía mirar ese río marrón y ese cielo celeste o esa luna gigante en ese cielo negro lleno de estrellas. Causa de muchas contracturas, pues! De algunos malestares (quizás!).
Pero uno puede trabajar en ese control o en adaptar el control. En ese sentido, si. Es un logro aunque no sea un control pleno, es decir: no es poder. Uno no puede siempre decidir qué pensar, qué sentir, cómo sentirlo. Uno puede esforzarse en alcanzar esa meta: correr 10 K, correr 15 K, correr 20 K, pero no puede elegir si le van a doler a las piernas o no. Si va a tener sed o no. Y uno puede correr 20 k o 40 k, y sentir mucha sed y calmar la sed con agua o también puede aguantar y capaz incluso llegar. Quiero decir, hay cosas que podemos proponernos y alcanzarlas con más o menos entrenamiento y hay otras cosas que en principio no son tan fáciles de lograr. Claro está, uno puede ir ayudando a que el cuerpo se adapte. Esos procesos tienen sus etapas. Ahi vamos... terminando una.
sábado, 16 de agosto de 2014
lunes, 11 de agosto de 2014
Tendencia: Separados
Hace unos minutos, llegó Eloisa F. Es una de las agentes de la inmobiliaria que está mostrando el departamento en el que vivo y que estoy por dejar. Vino con un candidato a inquilino de mi edad, aproximadamente (quizás un lustro menos). Separado hace año y medio, con dos hijas. Estaba buscando por la zona. Su ex-mujer vive cerca (a unas pocas cuadras) y pensaba estar más cerca de las niñas, además el colegio al que van también está por la zona. Sus hijas se quedan con él los martes a dormir y los sábados a la tarde, después del mediodía, llegan con él y se regresan el domingo. Hablamos del departamento, de la vista hermosa que tiene. De las virtudes y los defectos. Que la humedad, que el viento. Y viste "El rio!!!! se ve espectacular". Que los vecinos son buenisimos! Mi vecina del J, mi vecina del G, mi vecina del H... la pucha, todas vecinas!!! (risas). Si, "la verdad super buena gente", dije. Tal es separada, con dos hijos. Tal otra, también, con una niña más pequeño. El del C también, tiene 2. Y así... Ah! Y yo. Si, yo también, el del "K" (la letra que me tocó del depa, eh?), para invariar, separado, con tres hijos. Y de repente, en estos días que me estoy acomodando después de un año, me presente como el "separado con tres hijos". Sonó fuerte en mi interior. El lo tenía más claro cuando lo decía, "separado con dos hijos" y lo llevaba bien. Hablamos de las rutinas, de los días que yo lavaba la ropa y lo rápido que se secaba en la terraza, como me organizaba con el super, que la cocina era chica pero "chingona" (eso es mío, me hago el muy mexicano como para caer bien; no siempre lo logro, je..!). Qué como acomodaba a los chicos cuando venían a quedarse, que la mesa grande que me compré, que la vista... siempre la vista. Que la vista me ayudó mucho para pasar la angustia de los primeros (tantos) meses. Una buena charla. Al menos uno no se siente solo en la soledad. Que los separados somos como una gran mayoría silenciosa. Me gusta pensarlo como un "hecho social" no una cuestión individual. Una mega-tendencia, bah! Somos trending topic #separado
miércoles, 6 de agosto de 2014
El nieto de Estela
Hoy (5/08/2014) tuve un día eterno. De esos que cuando están por la mitad, me inspiran para una trama de una novela. Cuando están terminando, a menos para una entrada en el blog. Un lindo día, al fin y al cabo, lleno de actividades y ocupado en varias cosas. Liberando mi cabeza que ultimamente se puso monotemática. Empezó temprano, yendo a buscar a mis hijas para llevarlas al colegio (hijas/hijos). La mañana en el trayecto al colegio es como un elixir de alegría. desde que suena el despertado, me despierto, me ducho, desayuno y las paso a buscar, hacemos pool con otra compañera, las dejo en el cole. Charlo con algún padre, con alguna madre. Con la directora. Son las 8:00 am. y desde 6:45 a ese momento, les juro, soy el tipo más feliz del universo.
Luego parti rumbo al centro. Ya no soy tan feliz, pero escuchar la radio y pasear por libertador mientras el sol es tenue, no está nada mal. Tenia la reunión mensual de trabajo de comisión. De ahí, me fui a tomar exámenes finales al oeste de la ciudad. Tomé Riobamba rumbo al sur, seguí por la calle que continua después de Rivadavia (no se cual es el nombre, pero es la que pasa por detrás del congreso). Llegué a la intersección con la Autopista 25 de Mayo, giré a mi derecha y subí. Llegué a San Justo a las 13:15, y ya no habia almorzado. Estaban los estudiantes esperando, a quienes les pedí que llegaran temprano para poder regresarme temprano a buscar a mis hijos al colegio. Al terminar esa ronda, ya eran las 3 pm, emprendí el regreso por acceso oeste, primero, y Autopista del Buen Ayre después, y arribé a San Isidro justo a tiempo para estar en la puerta del colegio y recoger a mis hijas. Eran las 16:20. Las llevé a la casa de la madre, bajamos, las mochilas. Conecté la play station en el televisor de la casa. Terminamos de charlar sobre como fue el día en el colegio y emprendí la retirada. Tenía agendado ir a ver un departamento para mudarme a las 17:15. Lo vi, me encantó cerramos el acuerdo. De ahí, contento, me fui a lo de mis viejos, a contarles un poco de todo (padres/abuelos), del departamento, de mis hijos, de sus nietos, de lo bien que ellos me veían ahora, me dijeron.
Y fue ahí, como a las 6 pm que me enteré que Estela Carlotto había encontrado a su nieto (Ignacio Hurban), que su nieto había encontrado a su abuela. Estela dijo emocionada: "No quería morirme sin abrazarlo, y lo voy a hacer". Siempre me emocionan esas historias, a la vez que me indignan sin poder entenderlas. Y me emocioné. Soy muy sensible, ya lo saben, la piel se me puso de gallina y contuve mis lagrimas de felicidad. Una emoción me invadió el cuerpo. Por Estela, por Ignacio. Pero también fui consciente de mi felicidad, como hacia rato no lo era. Por mis hijos, mis viejos, por la madre de mis hijos y por mi que, a pesar de todo, estamos vivos y sabemos quienes somos. Después me fui a correr y a entrenar dos horas. Corro, luego existo... pero corro porque existo.
Luego parti rumbo al centro. Ya no soy tan feliz, pero escuchar la radio y pasear por libertador mientras el sol es tenue, no está nada mal. Tenia la reunión mensual de trabajo de comisión. De ahí, me fui a tomar exámenes finales al oeste de la ciudad. Tomé Riobamba rumbo al sur, seguí por la calle que continua después de Rivadavia (no se cual es el nombre, pero es la que pasa por detrás del congreso). Llegué a la intersección con la Autopista 25 de Mayo, giré a mi derecha y subí. Llegué a San Justo a las 13:15, y ya no habia almorzado. Estaban los estudiantes esperando, a quienes les pedí que llegaran temprano para poder regresarme temprano a buscar a mis hijos al colegio. Al terminar esa ronda, ya eran las 3 pm, emprendí el regreso por acceso oeste, primero, y Autopista del Buen Ayre después, y arribé a San Isidro justo a tiempo para estar en la puerta del colegio y recoger a mis hijas. Eran las 16:20. Las llevé a la casa de la madre, bajamos, las mochilas. Conecté la play station en el televisor de la casa. Terminamos de charlar sobre como fue el día en el colegio y emprendí la retirada. Tenía agendado ir a ver un departamento para mudarme a las 17:15. Lo vi, me encantó cerramos el acuerdo. De ahí, contento, me fui a lo de mis viejos, a contarles un poco de todo (padres/abuelos), del departamento, de mis hijos, de sus nietos, de lo bien que ellos me veían ahora, me dijeron.
Y fue ahí, como a las 6 pm que me enteré que Estela Carlotto había encontrado a su nieto (Ignacio Hurban), que su nieto había encontrado a su abuela. Estela dijo emocionada: "No quería morirme sin abrazarlo, y lo voy a hacer". Siempre me emocionan esas historias, a la vez que me indignan sin poder entenderlas. Y me emocioné. Soy muy sensible, ya lo saben, la piel se me puso de gallina y contuve mis lagrimas de felicidad. Una emoción me invadió el cuerpo. Por Estela, por Ignacio. Pero también fui consciente de mi felicidad, como hacia rato no lo era. Por mis hijos, mis viejos, por la madre de mis hijos y por mi que, a pesar de todo, estamos vivos y sabemos quienes somos. Después me fui a correr y a entrenar dos horas. Corro, luego existo... pero corro porque existo.
jueves, 24 de julio de 2014
Encuentro en el Aeropuerto
Lo vi en el aeropuerto de Santiago de Chile, mientras esperábamos que se definiera la situación del vuelo LAN 622 con destino a México DF. La cara me resultaba familiar. Exploré en mi buscador mental sitios y situaciones para ubicar a esa persona. Yo, sin duda, lo conocía. Luego de un par de horas de espera el vuelo se canceló. Nos enviaron a todos al Hotel Sheraton Las Condes. Regresamos a la mañana siguiente al Aeropuerto. Lo vi de nuevo. Y, en plan casual, me acerqué y le dije: "Te conozco de algún lado, ¿De donde?" Enseguida nos reconocimos. Luego de ensayar sitios y personas de potencial común conocimiento, achicamos las opciones y concluimos: del gimnasio de Oxtopulco y Avenida Universidad. "Si!! Tal cual!" "Pero que haces por aquí, wüey?", me preguntó. Respondí corto: "Voy para DF", "¿Y tú?", enseguida le pregunté. Contento, me dijo: "Vengo de Río. Fui a ver la final, de Fut. Estuvo padrísimo".
Comencé a ir a ese gimnasio en el 2000/2001 y continué yendo hasta el 2004, aproximadamente. Recordaba las caras de todos y en particular de este cuate, Vladimir. Ahi Nomás comenzamos a ponernos al día de toda la gente del gimnasio que, tal y como ha sucedido al parecer en todo el globo terráqueo, han incursionado también en el mundo "runner". Río estaba lleno de argentinos, era el comentario obligado para dar paso a la charla. Al acordarnos del gimnasio y recién terminado el mundial 2014, la conversación derivó en el mundial del 2002. En ese entonces yo era un diario concurrente al gimnasio y la selección argentina era eliminada en primera ronda. Estaba reconstruyendo nuevamente mi vida en DF, soltero y solo, a poco tiempo de haber conseguido mi primer empleo académico formal y pago (no era menos). Le comenté que formé pareja, tuve hijos, en el 2007 me había regresado a Buenos Aires y hace un año me había separado. Que todos los años viajaba a México y que, siempre que pasaba por la puerta del gimnasio, miraba a ver si encontraba a algún cuate por ahí. Recordamos que una vez fuimos a jugar a la cancha de futbol 5 techada que tiene FLACSO allá en el Ajusco. Y, entonces, me mostró en facebook las fotos de los viejos amigos: "Huy, ¿qué es de la vida de Julio, de Tonio, del Alemán? ¿Se siguen viendo?" La charla fluía. Yo comenté una anécdota que recordaba sobre Torsten, el Alemán, cuando le ganaron a USA en cuartos en el 2002.
Vladimir miró fijo a lo lejos y me dijo: "Torsten! Lo que son las cosas! Falleció". "¿No te lo puedo creer?" le dije. Me comentó que con el tiempo todos habían empezado, además de ir al gimnasio, a correr 10K, 20K y así. Torsten, Tonio, Julio y los demás se inscribían a las carreras y entrenaban juntos. Habían consolidado el grupo. La cuestión es que una tarde, en Insurgentes y Mixcoac, un auto chocó al auto en el que Torsten venía de acompañante. Lo internaron de urgencia. Su hermana que andaba por México en esa época, llegó al hospital a socorrerlo y tras unos días falleció. Al mes hicieron una carrera de 10K en la UNAM en homenaje a Torsten. "Fue muy emotivo", comentó Vladimir con los ojos húmedos. Me comentó, como si estuviera por terminar el relato, que al terminar la carrera Tonio, para descomprimir, dijo: "No mames, a mi cuando muera me hacen una de 42K". Yo sonreí, me pareció que el comentario era gracioso, mientras vi que Vladimir fijó la vista hacia los aviones. Continuó: "Y no va, wüey, que al año Tonio muere también". Mis ojos se abrieron enormes: "No te lo puedo creer!!!" exclamé. "Bueno, así que Julio y yo -continuó Vladimir- corrimos la maratón de México ese año"..
Seguimos charlando en la sala de espera de la puerta 19 B del aeropuerto de Santiago. Iba saliendo el sol y la visibilidad se reducía junto con el aumento del efecto bruma de la contaminación. Todavía se veían los Andes nevados. Recordé en un segundo como fue mi vida desde 2002 hasta la fecha. ¿Donde me encontraba en este punto del trayecto? Aparecían caoticamente diferentes acontecimientos, pero podía ubicarlos en el tiempo con bastante exactitud. Los nacimientos de mis hijas, el regreso a Argentina, el mundial del 2006, alguna crisis política, el nacimiento de mi hijo, el mundial del 2010, y así continué. De pronto la vida era una especie de resumen de hechos importantes, que estaban unidos con un relleno de cotidianeidad a modo de gel que las amortiguaba, y les daba continuidad evitando que chocaran, que se secaran o que se oxidaran. Y al final de esa cadena estaba yo, de nuevo con mi vida, en el aeropuerto.
Vladimir miró fijo a lo lejos y me dijo: "Torsten! Lo que son las cosas! Falleció". "¿No te lo puedo creer?" le dije. Me comentó que con el tiempo todos habían empezado, además de ir al gimnasio, a correr 10K, 20K y así. Torsten, Tonio, Julio y los demás se inscribían a las carreras y entrenaban juntos. Habían consolidado el grupo. La cuestión es que una tarde, en Insurgentes y Mixcoac, un auto chocó al auto en el que Torsten venía de acompañante. Lo internaron de urgencia. Su hermana que andaba por México en esa época, llegó al hospital a socorrerlo y tras unos días falleció. Al mes hicieron una carrera de 10K en la UNAM en homenaje a Torsten. "Fue muy emotivo", comentó Vladimir con los ojos húmedos. Me comentó, como si estuviera por terminar el relato, que al terminar la carrera Tonio, para descomprimir, dijo: "No mames, a mi cuando muera me hacen una de 42K". Yo sonreí, me pareció que el comentario era gracioso, mientras vi que Vladimir fijó la vista hacia los aviones. Continuó: "Y no va, wüey, que al año Tonio muere también". Mis ojos se abrieron enormes: "No te lo puedo creer!!!" exclamé. "Bueno, así que Julio y yo -continuó Vladimir- corrimos la maratón de México ese año"..
Seguimos charlando en la sala de espera de la puerta 19 B del aeropuerto de Santiago. Iba saliendo el sol y la visibilidad se reducía junto con el aumento del efecto bruma de la contaminación. Todavía se veían los Andes nevados. Recordé en un segundo como fue mi vida desde 2002 hasta la fecha. ¿Donde me encontraba en este punto del trayecto? Aparecían caoticamente diferentes acontecimientos, pero podía ubicarlos en el tiempo con bastante exactitud. Los nacimientos de mis hijas, el regreso a Argentina, el mundial del 2006, alguna crisis política, el nacimiento de mi hijo, el mundial del 2010, y así continué. De pronto la vida era una especie de resumen de hechos importantes, que estaban unidos con un relleno de cotidianeidad a modo de gel que las amortiguaba, y les daba continuidad evitando que chocaran, que se secaran o que se oxidaran. Y al final de esa cadena estaba yo, de nuevo con mi vida, en el aeropuerto.
sábado, 19 de julio de 2014
Amanece en Santiago
Y al final... que se hizo la 1:00 am. Llego a la puerta 20 y ya estaban abordando un contingente grande de personas. "Buenisimo" dije en voz baja, casi como un suspiro. Me acerqué y pregunté si finalmente tendríamos la cena. La joven que atendía me miró y me dijo en su tono chileno, burocrático y "classy" "Dígame-el-vuelo (pó)". Le di el número de vuelo y le aclaré el "que va a México". Sin mirarme a los ojos, como evitando cualquier consecuencia posterior a su programado comentario, me dijo: "Ah! No. El vuelo se movió a la puerta 19B". Me acerqué lentamente a la puerta 19B y de lejos observé que no había nadie. Pregunté por el vuelo y ahí me enteré que se canceló hasta las 11:00 de la mañana del día siguiente. Que iríamos al Hotel Sheraton Las Condes y luego mañana a las 7:00 nos pasarían a buscar. Para esto hubo que hacer migraciones, retirar las maletas y hacer otra tercera cola más para abordar los micros que nos llevarían al Hotel. Llegados al hotel los 300 pasajeros (no sé, tiro un número) hicimos el check-in que duró una hora. Nos atendieron bien, y por lo menos los tonos de voz ya no eran burocráticos. Ultimamente, como dicen los mexicanos, estoy muy sensible a los tonos de voz cuidadosamente pensados para irritar pero que no dan ni un sólo margen de duda acerca de la correctitud de lo expresado, de modo tal que tu irritabilidad quede absolutamente cuestionada (en fin!). Ese tono debe ser elaborado. Tiene que notarse que es artificial, pero no tanto como para dar origen a una broma o una burla, y al mismo tiempo dejar bien en claro que el deseo es que se note. La cuestión es que llegamos al hotel. Comi algo muy liviano y me fui a dormir. Dormi tres horas y media. Me desperté y me introduje en la tina. Recordé una sugerencia burocrática acerca de la cantidad de perfume que debe ponerse uno en el cuerpo (me reí en soledad como cómplice de mi mismo). Vine a desayunar. Me puse a leer los diarios. Nos hablamos con otros pasajeros. Nos comentamos a qué nos dedicamos. Nadie alardeó de nada. El café está riquísimo. Y amanece en Santiago con una vista de los Andes enorme y cercana.
viernes, 18 de julio de 2014
A volver a escribir
Ascendió independiente y dejé de escribir. Vino el mundial y me aislé del universo. Coincidió con un proceso personal y con prestarle atención a una de esas frases de Facebook (si, ja..ja..): "Si tenés problemas, andá al analista. No lo publiques en tu muro". Voy al analista desde hace un año, pero a veces no lograba filtrar sentimientos y pasiones, producto de esas situaciones críticas que te ponen en carne viva y con el alma a flor de piel. Pero decidí limitarme. Me costó, porque escribir me libera en muchas formas. Atarme las manos, fue como "cerrar el pico". Pero aquí estoy, emergiendo. Terminó el mundial y empiezo una nueva vida. Una nueva vida que estaba gestando y venia mutando. Una nueva vida que se hacia esperar desde hace un año. Estoy en el aeropuerto de Santiago de Chile, y me acaban de avisar que por "razones de control técnico no programado" hay una demora de 2 horas para volar a México. Y bueh! Take it easy, me senté a comer una ensalada, un juguito y a escribir. A volver a escribir.
miércoles, 11 de junio de 2014
Mi viejo, mi hijo y yo
Quizás haya sido una de esas tardes que con el tiempo serán de esos recuerdos que se volverán pesados e intensos. Fueron 90 minutos, nada más. Llegué justo, con Julián, para comer rápido en lo de mis viejos y sentarnos a ver el partido. Era una final, aunque el que ganaba no iba a ser campeón. Llegamos con lo justo, con lo poco que tenemos en estos tiempos. El que ganaba se quedaba con el tercer lugar del torneo Nacional B, pero había que jugar un partido de desempate. Era una final. El que ganaba se quedaba con la tercer plaza para ascender al Nacional A, la máxima categoría. Demás está decir, ganamos. Si no hubiese sido así, quizás no estaría escribiendo estas lineas. Gritamos los dos goles como locos. Julián me miraba, y sin razonar mucho, también gritaba loco de contento. Mi viejo sentado, también gritaba. Ya no se paraba a gritar los goles como cuando ganábamos las libertadores en los 70´s, pero los gritaba. El primero lo hizo Zapata, y quizás por eso lo gritamos más. Lo puteamos todo el torneo. En la cancha eran una joda las cosas que se decían de él. Pero hoy, justo hoy, la metió adentro después de un rebote que dio el arquero cuando Pisano después de un contragolpe se la reventó en el pecho. El segundo fue tranqulizador, Pizzini recién había entrado, y también en un rebote medio forzado, a lo guapo, se quedó con el balón, luego de superar al arquero la metió definitiva, y contundente, en el arco. Ascendimos a la A. Las redes sociales estallan con el #ElRetornoDelRey. Pero después de un rato me di cuenta que había vivido un momento de esos que voy a recordar con mucha emoción: mi viejo, mi hijo y yo viendo al Rojo salir de las malas para entrar en las buenas. Quizás no nos queden muchas tardes más así, pero esta tarde valió por todas las copas Libertadores.
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